Más allá de la cultura y la religión está el ser humano

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Eran las 18:45 del pasado lunes cuando las puertas del auditorio de la Casa Árabe se abrieron al público, que en esta ocasión lo conformaban, en su mayoría, hombres de avanzada edad. En la medida en que pasaba el tiempo, los asientos azules y verdes iban quedando faltos. Fue así como la conferencia sobre el diálogo interreligioso entre el cristianismo y el islam logró completar su aforo.

Al tiempo que se preparaban las cámaras, los ponentes también lo hacían. En esta ocasión tuvieron la posibilidad de participar diversas e interesantes personalidades, entre ellas: Pedro Villena, director de Casa Árabe; Carlos Granados, director de la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC); Pilar González Casado, editora y coautora del libro “El diálogo de Abrahán de Tiberíades”; Fernando Arias, director de la Fundación Pluralismo y Convivencia y Belén Alfaro Hernández, embajadora en Misión Especial para la Alianza de Civilizaciones.

Ponentes en la conferencia
Ponentes en la conferencia

A las 19:01 Pedro Villena dio comienzo a la mesa redonda. Tras manifestar sus agradecimientos, dio a conocer el fin último de la conferencia: respetar la pluralidad religiosa y cultural de todos los seres humanos que integran nuestro planeta. Además, Villena se encargó de presentar al resto de los ponentes.

A continuación Carlos Granados tomó la palabra e inició su breve discurso con extractos de las palabras del Vaticano, concretamente los números 16 y 13. Basándose en estos ejemplos y en diversas analogías demostró que desde hace muchísimos años las propias religiones buscan el respeto, encuentro y el entendimiento. De esta manera, llegó a la conclusión de que el diálogo interreligioso no es nada nuevo, por el contrario su origen se remonta a centenas de años atrás. Por último, en un tono gracioso promocionó el libro “El diálogo de Abrahán de Tiberíades”.

Por fin la coautora y editora del libro, Pilar González Casado, tuvo la oportunidad de hablar. Como se ha de suponer, la escritora se centró, con un lenguaje muy ameno, en la descripción de la historia que engloba su libro. La intención de su discurso lleno de adjetivos y adverbios no era otra que transmitir la importancia que tiene la convivencia y armonía dentro de un mundo tan diverso y global. Las premisas del libro tienen su origen en los tiempos en que los cristianos eran invitados a los debates de las autoridades musulmanas para tratar las cuestiones religiosas del momento. En estos encuentros, tanto musulmanes como cristianos, exponían la credibilidad de sus respectivas religiones, siempre respetándose entre si.

Llegó el turno de Fernando Arias, quien inició su discurso haciendo hincapié en la importancia que tiene la diversidad religioso en la construcción tanto de la identidad personal, como de la sociedad.  Basándose en los diferentes artículos que componen a la Ley Orgánica de Libertad Religiosa de 1980, dejó claro que la libertad religiosa no solo depende de un marco legal, sino también de la puesta en práctica por el conjunto de la sociedad. Arias concluyó su intervención con la crítica hacia la actual situación que existe en España en relación a los lugares de culto, pues mientras existen 23.000 lugares de culto católicos, solo hay 6.500 de otras religiones.

Continuó Belén Alfaro Hernández criticando a las sociedades modernas y en especial a la globalización, ya que en parte, incrementa las tensiones culturales y religiosas. La ponente destacó la importancia que tiene el entendimiento y la comprensión en este mundo tan egoísta y arrollador, en el que la xenofobia, intolerancia y el extremismo son las causas de muchos conflictos actuales. El transcurrir de su discurso se dividió en tres partes: España en el ámbito internacional, los sectores prioritarios de acción y los mecanismos para reforzar la cooperación a nivel internacional. La mayor parte de su comparecencia la ocupó los proyectos que se están llevando a cabo a nivel nacional e internacional para lograr el refuerzo de la cooperación humana.

La conferencia finalizó con una amplia ronda de preguntas, aunque fueron más reflexiones y comentarios que otra cosa. El contenido de los intervencionistas, en su mayoría hombres de avanzada edad, fue muy variado y enriquecedor. Desde periodistas hasta imanes tuvieron la oportunidad de participar, dejando siempre claro que lo importante no es la religión, sino la compresión. Y esto solo se logra aprendiendo a ser humanos.

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