¿Islam y política? o ¿política en el Islam?

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El pasado 10 de marzo se celebró en la Casa Árabe una interesante mesa redonda gracias a la colaboración de primera mano de la Casa de Velazquéz. El debate, llevado a cabo por destacados catedráticos franceses, versó sobre las evoluciones políticas que han existido en Oriente Medio desde las manifestaciones de carácter popular y político de 2011, también conocidas como Primavera Árabe, hasta la actualidad.

Así, a las 19:00 de la tarde en la quinta 62 de la calle Alcalá se escuchó la voz de Pedro Villena, director de la Casa Árabe, quien como en todos las conferencias, hizo de anfitrión e introdujo al resto de ponentes. Segundos más tarde Michel Bertrand se congratuló de la primera colaboración que tuvo la Casa de Velázquez con la Casa Árabe, asimismo mencionó que están abiertos a prestar futuras colaboraciones.

Con la sala llena de espectadores, la mayoría francoparlantes, y el resto con traductor simultáneo,  debido a que la conferencia fue en francés, tomó la palabra Karima Dirèche, directora del Institut de Rechercher sur le Maghreb Contemporain de Túnez, quien se encargó de moderar una mesa bastante polémica.

Acto seguido Éric Gobe, investigador del Institut de Recherche sur le Maghreb Contemporain (IRMC) de Túnez, dio comienzo a un jugoso y polémico debate. Empezó su discurso centrándose en una pregunta bastante general ¿a quien pertenece la soberanía? ¿Al pueblo o a Dios? El investigador basándose en su experiencia personal demostró como en su opinión, la laicidad y la secularización eran antitéticas a la propia fe.

Recogiendo la opinión de Éric, Makram Abbes, profesor de filosofía política en el École Normale Supérieure de Lyon, continuó el debate en relación a la secularización. Tras darle la razón a su colega, comenzó su exposición pero desde un punto de vista histórico. “Lo que sucedió hace 30 años fue una relación intelectual liderada por unos pensadores que reaccionan frente a una extrema secularización que ha llevado a los extremismos”, señalaba Makram, al tiempo que añadía que en su opinión, la secularización desaparecía con el tiempo. Esta primera intervención acabó con una máxima del Espejo de los Príncipes – el poder subsiste a pesar de que haya impiedad pero no puede durar sin que haya justicia.

Sin haber finalizado Makram, Nabil Mouline, profesor e investigador del Institut d’Études Politiques de París, intervino para dar su punto de vista sobre el tema. En esta ocasión el ponente refutó casi en su totalidad la opinión de su antecesor. Así pues, afirmó que durante la Edad Media no había distinción alguna entre la política y religión, perteneciendo el estado de la soberanía a Dios; en palabras del ponente: “no se podía tener éxito en la tierra sin tener éxito en el cielo”. De esta manera, Dios tenía la necesidad de encomendar a alguien en la tierra para que su mensaje no cayera en el olvido. Fue durante el imperio otomano cuando esto cambió y se planteó de manera accidental la separación entre la religión y la política. A partir de entonces surgieron dos corrientes: los modernistas por un lado y por otro, aquellos que creen que el islam debía triunfar por encima de la modernidad. Ante esto, Nabil Mouline cree que no hay que modernizar el islam, sino más bien hay que islamizar a la modernidad.

A Makram Abbes ganas no le faltaron para interrumpir al ponente previo.  Fue así como en un tono  discrepante quitó razón a Núbil Mouline, pues para él el islam no se constituyó como iglesia o religión, sino que se abrió en muchos sentidos, permitiendo de esta manera la entrada de lo político. Makram concluyó su intervención diciendo: “sin duda, no existe una teorización del poder divino en el islam”.

Tras haber finalizado el controvertido debate, los espectadores tuvieron la oportunidad de realizar una ronda de preguntas, en este caso la mayoría optó por preguntas históricas. Tiempo después Pedro Villena tomó de nuevo la palabra para agradecer e invitar tanto al público como a los diferentes ponentes a disfrutar de una copa en una de las tantas salas que posee la hermosa Casa Árabe. Ante esto hay que decir que a pesar de las discrepancias entre los ponentes, ninguno de ellos, al igual que el público, dudaron en asistir.

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